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Cuando una familia abre las puertas de su casa

Hay algo que sucede en las Bodegas de Logroño y que muchos visitantes descubren sin que nadie se lo explique. No aparece en los folletos ni forma parte del recorrido. Simplemente se percibe.

Es la sensación de entrar en un lugar que tiene historia y alma.

Porque detrás de las Bodegas de Logroño hay familias que llevan generaciones transmitiendo la cultura del vino en sus. Plantando y cuidando viñedos, compartiendo y tomando decisiones, superando vendimias difíciles y celebrando las buenas cosechas. En siete de las bodegas, ese legado familiar sigue siendo hoy el pilar de cada proyecto. La octava, Campo Viejo, nació también del impulso de bodegueros riojanos y comparte esa misma vocación por acercar la cultura del vino a quienes la visitan.

En algunas, varias generaciones conviven todavía en el día a día. En otras, el relevo ya se ha producido y son los hijos o los nietos quienes continúan el proyecto iniciado décadas atrás. Cada bodega escribe su propia historia, pero todas comparten una misma raíz: el compromiso de quienes entienden que el vino no es solo un negocio, sino un legado.

Y quizá por eso quienes trabajan en ellas acaban sintiéndolas también como suyas.

Los equipos de enoturismo conocen cada rincón, cada anécdota y cada detalle que hace única a su bodega. Esa implicación de quienes reciben a los turistas convierte cada visita en algo más que una cata o un recorrido entre barricas. El visitante no solo descubre cómo se elabora un vino, sino una historia personal que continúa escribiéndose.

Cada una de las Bodegas de Logroño ha llegado hasta aquí siguiendo un camino diferente. Marqués de Murrieta mantiene vivo el legado iniciado en 1852 por Luciano de Murrieta, pionero de los vinos de Rioja, y hoy bajo el liderazgo de la familia Cebrián-Sagarriga. Marqués de Vargas es la historia de cuatro generaciones de una misma familia, desde que Felipe de la Mata plantó las primeras viñas de la Hacienda Pradolagar en 1840. Franco-Españolas, con la tercera generación de la familia Eguizábal al frente, ha sabido preservar más de siglo y medio de historia sin perder su esencia. Ontañón continúa transmitiendo, desde 1985, la pasión de la familia Pérez Cuevas por unir vino, arte y cultura. Olarra mantiene vivo el espíritu con el que Luis Olarra impulsó el proyecto en 1973, hoy con la tercera generación familiar al frente. Viña Ijalba refleja la visión de Dionisio Ruiz Ijalba, recientemente fallecido, cuya segunda y tercera generación continúan apostando por la viticultura ecológica y la recuperación de variedades autóctonas. Arizcuren representa el compromiso y la pasión por el viñedo transmitidos de Javier padre, en la fotografía, a Javier hijo, quién hoy en día ha sabido trasladar a su pequeña bodega de Logroño, todo lo aprendido desde niño. Y Campo Viejo nació en 1959 del sueño compartido de dos bodegueros riojanos que quisieron impulsar una nueva forma de entender los vinos de Rioja. Ocho historias diferentes que hoy comparten una misma vocación: abrir sus puertas para que cada visitante descubra que detrás de cada vino siempre hay personas.

Quizá ese sea el verdadero valor de visitar una bodega en Logroño. Además de la arquitectura, los viñedos o los vinos, el visitante entra en un lugar donde la historia familiar sigue viva y donde quienes trabajan cada día hacen suyo ese legado. Porque una bodega la forman quienes la fundaron, quienes la han hecho crecer generación tras generación y también todas las personas que, con su trabajo y su compromiso, contribuyen a que esa historia siga escribiéndose. Esa es, al fin y al cabo, la gran familia de las Bodegas de Logroño.

Aquí el vino es capital 🍷

Bodegas de Logroño es un proyecto integrado en la Federación de Empresas de La Rioja (FER) y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Logroño y el Gobierno de La Rioja.