Todos los años sabemos que llegará. Lo que no sabemos exactamente es cuándo.
La vendimia es probablemente el momento del año que mejor demuestra hasta qué punto una bodega depende de la naturaleza. Se puede planificar, prever, organizar equipos y preparar cada detalle, pero al final hay algo que no admite calendarios: la uva tiene que recogerse cuando está preparada.
Y cada año sucede de una manera diferente.
La climatología de los meses anteriores, las temperaturas del verano, la lluvia —o su ausencia—, el estado sanitario del viñedo y, sobre todo, la evolución de la madurez de la uva van marcando el ritmo. A partir de ahí comienza un complejo engranaje en el que intervienen muchas personas y muchas decisiones.
Este 2026 está siendo especialmente significativo por una circunstancia que ha condicionado todo lo demás: el extraordinario adelanto de la vendimia.
En Rioja, algunas zonas y para determinadas variedades, las primeras uvas comenzaron a recogerse cuando agosto todavía estaba en el calendario. Una situación excepcional que ha obligado a acelerar previsiones y a reorganizar el trabajo en las bodegas. Incluso, en algunos casos, a adelantar la vuelta de vacaciones porque la uva no espera.
Quizá ahí esté una de las grandes singularidades de nuestros vinos: no hay dos vendimias iguales.
Hay años tempranos y tardíos, vendimias rápidas y otras que permiten trabajar con más pausa. Años en los que preocupa la lluvia y otros en los que se mira continuamente el termómetro. Cada cosecha llega con sus propias circunstancias y obliga a interpretar lo que ha sucedido en el viñedo durante meses.
La experiencia ayuda a tomar decisiones, la tecnología permite disponer de mucha más información y la planificación es imprescindible. Pero sigue existiendo una parte que no se puede controlar.
La naturaleza marca los tiempos y este año lo ha hecho antes que nunca y las bodegas han tenido que responder acelerando también los suyos.
En las Bodegas de Logroño, ese periodo intenso transforma por completo el ritmo habitual. Es tiempo de vendimia, y las bodegas siguen abiertas. Los equipos de enoturismo continúan preparados para recibir visitas y compartir la bodega en uno de los momentos más especiales del año. Porque la vendimia ofrece una oportunidad única para descubrir de cerca cómo se vive una bodega cuando todo está en marcha.
Aquí el vino es capital 🍷
Bodegas de Logroño es un proyecto integrado en la Federación de Empresas de La Rioja (FER) y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Logroño y el Gobierno de La Rioja.