En Logroño, bodegas y ciudad forman parte de una misma historia. El vino se siente en sus calles, en su gastronomía, bajo tierra y, sobre todo, en su forma de vivir.
Las ocho Bodegas de Logroño: Arizcuren, Campo Viejo, Franco-Españolas, Marqués de Murrieta, Marqués de Vargas, Ontañón, Olarra y Viña Ijalba, son parte de la ciudad y de su identidad. Y la ciudad, a su vez, forma parte de la experiencia de visitar sus bodegas.
Para la recta final del verano proponemos ocho planes para descubrir esa conexión y, de paso, encontrar buenos refugios cuando aprieta el calor.
- Bajar la temperatura… y unos cuantos metros
Bajar a un calado es siempre una buena idea. Piedra, silencio y una temperatura que poco tiene que ver con la del exterior.
Los encontramos en algunas de las bodegas, pero también bajo la propia ciudad. Espacios que cuentan la historia de la relación de Logroño con el vino y que permiten descubrir lo que se esconde bajo nuestros pies.
- Disfrutar de una copa sin mirar el reloj
En el wine bar de una bodega, en una terraza a la sombra o en un bar del centro. En Logroño, disfrutar de una copa de vino forma parte de la vida de la ciudad. Basta encontrar un lugar agradable, sentarse y dejar pasar un rato sin demasiadas prisas.
- Hacer una cata… aunque no siempre se llame así
Una cata en una bodega permite aprender, descubrir vinos, variedades y aromas. Pero también se puede poner en práctica lo aprendido, sentado en la barra de un bar, escuchando un chascarrillo y dejándose aconsejar. Catar también es probar, comparar, preguntar y descubrir.
- Sentarse a la mesa
Hablar de vino en Logroño es hablar de gastronomía. Las propuestas gastronómicas de las bodegas continúan en los restaurantes de la ciudad, en sus terrazas y en las barras de calles como Laurel o San Juan.
Desde un pincho hasta una comida sin prisas, en Logroño vino y cocina siempre han hecho match.
- Buscar historias entre piedras
Las bodegas cuentan historias de familias, de generaciones y de edificios que forman parte de su identidad. Algunas son centenarias; otras sorprenden por su arquitectura contemporánea.
La ciudad también tiene mucho que contar. La Concatedral de Santa María de la Redonda, el Puente de Piedra, sus iglesias, palacios y calles del casco histórico son otra forma de recorrer la historia de Logroño.
- Encontrarse con el arte y la cultura
Hay bodegas en las que el arte, la arquitectura y el patrimonio forman parte de la visita. Y fuera de ellas, museos, exposiciones y otros espacios culturales permiten continuar el recorrido.
Porque descubrir el mundo del vino también puede ser una experiencia cultural.
- Tomarse un respiro al aire libre
No todos los refugios contra el calor tienen techo. Los jardines y terrazas de las bodegas, los parques de Logroño, sus zonas verdes o los paseos junto al Ebro son lugares perfectos para disfrutar cuando empieza a caer el sol.
- Disfrutar de la noche logroñesa
El último plan es también el más sencillo: caminar por Logroño cuando cae la noche.
Una copa tranquila en una terraza o un poco más de ambiente. Todas las opciones son buenas para seguir disfrutando de la ciudad y recordar lo vivido durante el día: bodegas, vino, gastronomía, historia y cultura.
Porque en Logroño, el día puede empezar en una bodega, pero no tiene por qué terminar allí.
Arizcuren, Campo Viejo, Bodegas Franco-Españolas, Marqués de Murrieta, Marqués de Vargas, Ontañón, Olarra y Viña Ijalba son ocho bodegas diferentes, dentro de una ciudad que vive el vino de muchas maneras.
Las bodegas hacen Logroño y Logroño hace a sus bodegas.
Aquí el vino es capital 🍷