Hoy, 13 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Chocolate. Un día para rendir homenaje a uno de los placeres más irresistibles, que curiosamente comparte muchas virtudes con el vino: la complejidad de aromas, la intensidad de sabores y esa capacidad de despertar emociones en cada bocado o sorbo. Y si disfrutarlos por separado ya es un lujo, cuando los juntamos la experiencia se multiplica.
Porque el vino y el chocolate forman una pareja inesperada de las que hacen match. Todo está en encontrar el equilibrio adecuado entre el tipo de cacao y el estilo de vino. Aquí te dejamos algunas ideas para animarte a experimentar:
El chocolate negro, con un 70% de cacao o más, pide un vino con carácter. Un tinto Reserva de Rioja, con sus taninos redondeados y sus notas de especias y madera, es el aliado perfecto para compartir esa intensidad amarga y elegante del cacao puro. También resulta muy interesante maridarlo con un vino de autor, de esos en los que se percibe claramente la mano y personalidad única del enólogo que te deja pensar cada sorbo.
Si lo tuyo es el chocolate con leche, suave y cremoso, te proponemos un vino joven o con un breve paso por roble. La fruta fresca y la ligereza del vino aportan un contrapunto ideal a la dulzura del chocolate. También un rosado le va muy bien con su frescura y notas frutales realza aún más la cremosidad del cacao.
El chocolate con frutos secos tiene un maridaje curioso. La garnacha de Rioja Oriental, con su fruta roja madura y jugosa, encaja de maravilla con el toque tostado y salino de almendras o avellanas.
Y para el chocolate blanco, graso y goloso, nada mejor que un vino blanco fermentado en barrica o un espumoso riojano. La acidez refrescante y, en el caso del espumoso, la burbuja, ayudan a equilibrar la sensación dulce y untuosa en boca.
En definitiva y sin miedo a equivocarnos, el vino y el chocolate hacen match, y hoy es la excusa perfecta para levantar la copa y brindar. En el día mundial del chocolate, el vino es capital.